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domingo, 23 de octubre de 2016

PILATES ABURRIDO


Hace unas semanas, mientras realizábamos una práctica donde los alumnos del curso de Instructor de Método Pilates para Embarazadas se colocaban en parejas para impartirse clase de entrenamiento personal, una de las alumnas que estaba haciendo el roll de instructora comentó que su compañera, la que hacía de alumna de su entrenamiento personal, le afirmaba que se evadía fácilmente de sus indicaciones durante el entrenamiento.

Los alumnos de la formación practican en parejas

Ante semejante situación decidí parar la práctica de toda la clase y analizar la acción de esta persona pues tanto la alumna con el roll de profesor (vamos a llamarla Pilar)  como la compañera que estaba haciendo de alumna (la llamaremos Lola) se mostraban abiertas a sugerencias y críticas constructivas. Mostraron un nivel de humildad, compañerismo y respeto por la profesión que les permitió aceptar el análisis y trabajar para adoptar nuevas conductas que mejoraran sus clases. Y su situación ofreció a toda la clase, presente durante el análisis, una buena cantidad de nuevos conocimientos que poder aplicar en su vida profesional.

En primer lugar, Lola indicó cómo se sentía en la clase que Pilar le estaba impartiendo: “Es una clase aburrida. – Afirmó – Ella me pide que me coloque de cierta forma pero cuando intento hacer lo que me pide no sé si lo he hecho bien o no, porque tampoco me ha dicho cómo debo conseguir colocarme como ella quiere. Entonces ya me pide que haga otra cosa. Otras veces, simplemente, me pide que haga algo pero antes que yo lo intente me coloca ella o me mueve ella, así que, sin querer, he terminado por abandonarme a que ella sea quien me coloque o me mueva y me he puesto a pensar en otra cosa. Al cabo del rato me he aburrido.”

El aburrimiento es mal compañero en cualquier clase donde la concentración y la atención sean fundamentales. Una clase de Pilates tiene como objetivo fundamental preparar al alumno para que sea capaz de afrontar su día a día con buena postura evitando y aliviando molestias y dolor.

El instructor debe atender a las necesidades de cada alumno
Para que el alumno sea capaz de adoptar estas buenas posturas en su vida cotidiana, es necesario que aprenda a alinear bien sus articulaciones y que repita esta buena alineación en multitud de posiciones durante la clase, bajo la supervisión del instructor para que, después, sea capaz de ejecutar este patrón en casa, en la calle o en su trabajo. 

Aprender a ubicar las articulaciones correctamente no es sencillo, se trata en muchas ocasiones, de reeducar las posturas que el organismo ha sostenido durante muchos años y que han terminado por generar graves lesiones. Por todo esto, aprender a alinearse correctamente requiere mucha concentración. Si el alumno se aburre, no está concentrado, y por tanto, no conseguimos el objetivo de la sesión: que aprenda a alinearse en su día a día, y utilice la musculatura correctamente, de forma inconsciente.

Era necesario solucionar esta situación durante la sesión práctica. Pilar debía mejorar su praxis o sus alumnos podrían lesionarse o, en el mejor de los casos, no conseguirían mejorar su postura e incluso, podrían abandonar las sesiones generando no solo un problema económico a Pilar, sino una lluvia de comentarios negativo hacia ella y en general, hacia todos los instructores de Pilates tachando el Método de incompetente además de aburrido.

Durante la clase de Pilar a Lola, observé que Pilar realizaba varias acciones que podían desencadenar en una falta de atención por parte de su alumna. A continuación comentaré y corregiré las faltas detectadas durante la impartición de la sesión:
  • El volumen de voz siempre era monótono. Al igual que en el teatro, en el cine o en una clase teórica, al igual que en cualquier situación donde se pretenda mantener la atención del oyente, es imprescindible jugar con el volumen de voz. Y no solo con el volumen, sino también es preciso utilizar distintas formas de expresarse (más culta o más coloquial) o usar alguna muletilla aplicada conscientemente en casos especiales. Por ejemplo:
    • Volumen. A veces un susurro llama más la atención que alzar la voz. Si el alumno está ejecutando un ejercicio muy dinámico donde la voz del instructor le ha animado con su volumen a seguir un buen ritmo y un alto nivel de intensidad y, a continuación debe ejecutar un ejercicio aún más exigente y el instructor eleva el volumen de voz de nuevo, quizás agote al alumno. Porque el alumno, debido a la intensidad de voz del instructor, querrá seguir al ritmo del ejercicio anterior y, debido al cansancio, contraerá la musculatura y ejecutará el movimiento de cualquier forma dando prioridad al movimiento sin atender a la cantidad de fuerza que aplica ni dónde la aplica. Bajar al susurro en la siguiente asistencia verbal es lo suficientemente drástico como para llamar la atención del alumno y permitir que la combinación de varios ejercicios duros no terminen en una contracción total de todo el organismo, sino que el susurro acompañe la sensación de relajación muscular y contracción muscular justa, ni más ni menos que la necesaria para realizar el movimiento con buena alineación
    • Distintas formas de expresarse. Es obvio que un instructor debe adaptarse al nivel socio-cultural de su alumno con el objetivo de crear un clima confortable en la sesión de Pilates que permita al alumnado atender al entrenamiento y no en la llamada de atención que da lugar un instructor que no “sabe estar” o no se hace comprender debido a su lenguaje especialmente técnico, culto o llano. No obstante, que algunas de nuestras expresiones salgan de la tónica normal de la clase llama la atención y permite al alumno centrarse en lo que se quiere enfatizar. Recuerdo con cariño a mi entrenadora en Roma premiándome con un “¡Brava!” cuando ejecutaba alguna posición correctamente, o cómo sonreía una de mis alumnas en un estudio de Nueva York cuando le indicaba en inglés británico alguna posición especialmente delicada que yo quería que encontrara en el movimiento.


    • Las muletillas. Son un horror. Hacen que el alumno esté más atento a ellas que a tus indicaciones, pero utilizadas conscientemente pueden ayudar a que el alumno ejecute un movimiento en particular en un momento en concreto. Si siempre que ejecuta Roll Up el instructor dice algo así como “ahueca el ombligo”, es una expresión tan extraña (pero que todo pilatero medio entenderá) que, repetida siempre en el mismo momento que realice este ejercicio durante varios días dará lugar a que el alumno ejecute el movimiento incluso antes que lo digas.
    • Utiliza siempre las mismas frases sin importar si la alumna las comprende o no. Cuando le pedía que ejecutara algún movimiento o postura siempre lo expresa con las mismas frases, no variaba la estructura de las oraciones. Por ejemplo, le decía siempre “baja los hombros” pero no intentaba buscar otras fórmulas verbales si Lola no bajaba los hombros como “aleja los hombros de las orejas”. De esa forma, o entendías lo que ella decía, o se quedaba sin hacer lo que pedía.
  • La instructora canta. Cuando un instructor imparte seis u ocho horas de clases al día, es posible que repita las mismas frases muchas veces. Frases como “cierra costillas, ahueca el abdomen, contrae el suelo pélvico”. A veces las repiten tanto que algunos instructores las dicen de carrerilla, como un mantra, incluso algunos acompañan las frases con una cadencia, con una musiquilla como si estuvieran recordando la tabla de multiplicar, como si cantaran. Esa musiquilla y esas frases repetidas dan lugar a que el alumnado se evada y no atiendan a la frase que contiene esa canción.
  • Sus indicaciones siempre eran las mismas, no las personalizaba según las necesidades de su alumna. Es decir, el instructor no decía las indicaciones porque hubiera visto que uno de los alumnos necesitara cerrar más las costillas en ese momento, sino porque entiende que todo el alumnado debe hacerlo y que a todos los vendrá bien que se lo recuerden.Y es cierto, a todos los viene bien que, de vez en cuando, se les recuerde estas indicaciones de forma grupal. De vez en cuando. Durante el resto de la clase las indicaciones deben ser lo más personalizadas posibles, de tal forma que, mientras el instructor corrige con sus manos a un alumno, corrige con su voz a otro alumno que está en la otra punta de la clase (en caso de clase grupal). Por ejemplo, el instructor puede estar cerrando las cotillas de una alumna mientras le indica con su voz a otro alumno que junte las piernas. O, si es un entrenamiento personal, el instructor corregirá con sus manos mientras refuerza esa asistencia táctil con su voz, por ejemplo, le indica al alumno “cierra costillas” mientras coloca sus manos sobre las costillas del alumno en el momento que debe cerrarlas. De esta forma, el alumnado sabrá que su instructor siempre está atento, no les consentirá desalineaciones y les motivará a que ellos también estén atentos a la clase.


  • Cuando realizaba una asistencia verbal (le indicaba qué hacer a su alumna) no se aseguraba si sus indicaciones se llevaban a cabo o no y pasaba a la siguiente asistencia. Al igual que sucede durante la educación con niños, la mejor enseñanza es la que se imparte con el ejemplo. Un instructor atento tiene el “derecho” de pedir a sus alumnos que también estén atentos. De lo contrario, si el alumno está atento pero el instructor no, el alumno se desmotivará y dejará de estar alerta. ¿Para qué atender su postura si nadie le va a confirmar si es correcta o no? En realidad, es casi como hacer una clase de entrenamiento en casa siguiendo un video, pues allí nadie le corrige. El feedback, las indicaciones que el instructor le indica a sus alumnos, son tremendamente importantes porque:
    • Mantiene la atención del profesor y del alumnado.
    • Motiva al profesor y al alumnado.
    • Aumenta la eficacia del entrenamiento pues el alumno aprenderá a alinearse sin ayuda del instructor y conseguirá  mejorar su postura ya que no solo se alineará bien en clase, sino también en su día a día y, con ello, el objetivo de las sesiones se obtendrá más rápido.
    • Fideliza al alumno. Se siente que está pagando un servicio personalizado donde el instructor está atento a su salud. Este hecho es un valor añadido a cualquier sesión de entrenamiento, por eso los alumnos entrenarán con ese instructor durante más tiempo e invitarán a sus conocidos a asistir a esas clases donde le tratan tan bien y cuidan de su salud.
    • Ayuda a diseñar un entrenamiento ajustado a las necesidades del alumnado.


  • Las asistencias verbales no iban acompañadas de asistencias táctiles. Durante una sesión de Pilates se pide al alumno que ejecute movimientos y posiciones constantemente. Se hace de forma progresiva, amable y con un ritmo que permita al alumno afrontar el reto, no se pretende agobiar a nadie indicando mil acciones a la vez, aunque tampoco será una sesión eficaz si se dedica mucho tiempo a un solo concepto ya que Pilates es efectivo, entre otros motivos, por entrenar todo el cuerpo en una sola sesión; si se pretende ejecutar un movimiento a la perfección durante una hora solo se habrá movilizado una zona y, aunque sea la zona que más precise el alumno mover, debido a que el organismo utiliza cadenas musculares a la hora de contraer el tejido blando, es necesario mover todo el cuerpo en cada sesión para poder ayudar a alinear o sanar una zona corporal determinada. Por tanto, el instructor hará comprender al alumno cómo “buscar” el movimiento o posición adecuado sin parar la sesión, sin parar el movimiento, porque lo importante no será ejecutarlo correctamente (eso ya llegará con la práctica), sino que el alumno conozca su cuerpo, sus limitaciones y aprenda a buscar las posiciones y movimientos que le lleven, algún día, a ejecutar correctamente lo que se le pide. Esto implica que el instructor dedique toda la hora a comunicar al alumno lo que debe realizar, el objetivo de lo que se le pide, cómo conseguir ese objetivo, cuidar los posibles fallos que sucederán mientras encuentra la posición o movimiento correcto (o lo más correcto posible)… sí, el instructor pasa la hora hablando y hablando. Pero si no toca al alumno, sino utiliza sus manos para apoyar las palabras, el alumno sólo captará una pequeña parte de la información y, de lo que capte, no todo será entendido como el instructor desea. 



  • No le indicaba a la alumna qué debía sentir (el objetivo del ejercicio) ni cómo debía conseguirlo (oposiciones). Los niños suelen motivarse durante el aprendizaje a través de juegos, los adultos, además, necesitan saben el porqué de lo que hacen. Pilates no es más que un juego en donde el instructor reta al alumno a colocarse y moverse de determinadas formas sin que éste pierda la correcta alineación de las articulaciones. Tomarlo de esta forma evita en gran medida la frustración de no estar ejecutando correctamente lo que se pide ya que, en Pilates, el alumno nunca realizará lo que se le pide pues, si llega a efectuar correctamente la acción, el instructor evolucionará el ejercicio para que le suponga un nuevo reto que permita avanzar tanto en cualidades físicas como psicomotrices. El alumno adulto aprenderá y avanzará, siempre y cuando conozca para qué hace el ejercicio y cómo conseguir el objetivo del mismo. Por ejemplo, mientras el alumno ejecuta Hundred, el instructor le informará del objetivo “Debes sentir estiramiento cervical y dorsal, además de trabajo de fuerza en tu abdomen” y también de cómo conseguir ese objetivo “Para ello, lleva la barbilla hacia el pecho, hundiendo el esternón durante la exhalación sin elevar la espina inferior de los omóplatos”. El uso del lenguaje más o menos técnico depende de cómo educa el instructor a su alumno aunque, desde el Instituto Nacional del Método Pilates, animamos a enseñar el nombre técnico de las zonas corporales y los movimientos, pues influye en la evolución de las cualidades psicomotrices del alumno además de facilitar la comunicación entre instructor y alumnado.
  • Pilar, al ver que Lola no hacía lo que ella quería, colocaba con sus manos a Lola o la movía. Así, ni Lola aprendía cómo colocarse ni cómo moverse ni sus músculos se ejercitaban ni se fortalecían ni flexibilizaban. Realmente era Pilar quien estaba “entrenando” pues era su cuerpo quien hacía los esfuerzos, no el cuerpo de su alumna.
Por supuesto, no indico el caso en el que el instructor se coloca de modelo frente al alumnado y, ni lo toca ni le indica. Esto queda fuera y lejos de toda acción de enseñanza pues, en el caso de tener que enseñar al alumnado un nuevo ejercicio complejo donde el instructor sepa que es necesario utilizar unos minutos a su explicación, debe indicar el ejercicio sobre un alumno mientras los demás observan cómo el instructor coloca al modelo y enfatiza en las precauciones a tomar durante el ejercicio. De esta forma, todo el alumnado tendrá una imagen de cómo ejecutar el movimiento o posición correctamente. Si en lugar de esto, es el instructor quien utiliza su cuerpo como modelo, nadie le corregirá y los alumnos pueden imitar una posición mal ejecutada.


En definitiva, al finalizar esa sesión, Lola no estaba mejorando su condición física, ni emocional ni cognitiva, pues no olvidemos que el empeño del instructor de Pilates por mantener al alumno consciente de su posición, respiración y movimiento durante toda la clase, ejerce un efecto Mindfulness (Atención Plena) que consigue mejorar la concentración, la atención y aliviar estados de estrés y ansiedad. 

Una buena clase de Pilates no solo implica moverse. El instructor debe atender los parámetros descritos en este texto para asegurarse que su alumno siente el trabajo deseado (flexibilidad, fuerza concéntrica, isométrica o excéntrica) de las zonas corporales que se activen en el ejercicio para mejorar su alienación (dependiendo de su morfotipo el alumno sentirá unas zonas u otras al ejecutar el mismo ejercicio), su condición física y su salud en general.

Es por ello que la virtud más importante del instructor es el cariño por su alumno. Cuidarlo como si fuera lo más precioso que tiene en tu vida durante esa hora de entrenamiento, de manera que esté preocupado por hacerle comprender los ejercicios y se comunique con el objetivo de hacerle sentir bien consigo mismo.


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